Sobre tu ciudad crecerá la hierba

Tenemos muchos amigos, pero son todos mayores. Nuestros amigos mayores tienen un grupo de amigos más jóvenes que nosotros pero ese otro grupo de amigos no quiere saber nada de este otro grupo de amigos porque al parecer los que estamos en este otro grupo no tenemos aún cumplida la edad que hace falta para poder ser interesantes como amigos. Sólo podemos ser amigos de nuestros amigos mayores porque a ellos, gracias a Dios, a estas alturas ya nada les importa. “Es un placer, hombrecito”, te dicen cuando te conocen. Están en lo más alto y eso nos gusta. Cuando entramos en los salones de las casas de nuestros amigos mayores sus amigos más jóvenes saltan por las ventanas y escapan de las fincas montados en sus Peugeots con el viento en contra cargado de la arena de la playa. La vida es todo el rato difuminación, todo se olvida, los amigos hacen falta. En un día despejado puedes verlo todo para siempre, ¿lo sabías? Nuestros amigos mayores están enganchados pero lo pueden dejar en cuanto quieran. Pueden con todo y no escatiman esfuerzos. Una vez se agarran de tu mano ya no se sueltan. Tres de nuestros amigos más mayores han ganado tres de las becas que otorga la Comunidad de Madrid todos los años dentro del programa de Jóvenes Creadores. Lo hemos celebrado por todo lo alto en un restaurante. Nuestros amigos mayores sí que saben divertirse. “Nadie baila como tú”, te sueltan siempre. Sus fiestas son las mejores porque saben que les queda poco tiempo. ¿Qué podrán querer de nosotros nuestros amigos mayores? Ellos llevan la voz cantante. Mucho cuidado con lo que dices. Nuestros amigos mayores están de capa caída, la noticia del sacrificio a causa de la gripe aviar de trece mil gallinas en una granja de Lleida les ha dejado un cuerpo de jota que no se lo salta un gitano. “El humidificador, chicos, rápido”, dice uno de ellos. Dos llevan coleta, todos con el pelo blanco. Algunas tardes salen a tomar el sol y nos da miedo que no vuelvan. Matamos el tiempo jugando a la serpiente. Conocen bien el mercado del gourmet del Corte Inglés porque se lo pueden permitir. “Es muy buen sitio”. Mil euros no son nada para nuestros amigos mayores, mil euros no es dinero: es el chocolate del loro. Están pensando en adoptar a un niño del Perú, no saben si la edad será un problema. Los aerosoles destruyen la capa de ozono, ¿lo sabías? Los aerosoles destruyen la capa de ozono pero eso a nuestros amigos mayores les da igual. La Tierra corre peligro, el mar está que arde, las norias han dejado de girar. España entera se puede ir a la mierda pero el lugar es lo de menos. Lo que importa es la compañía.

¿Está suficientemente hidratado el niño?, ¿le has dado de beber los zumos, Antonio?, ¡Antonio!, ¿está hidratado entero?, ¿se los ha bebido bien? Pues dile que puede jugar con su amigo. Y ve arrancando el coche, ¡toma las llaves, cariño! Nutrir e hidratar es lo único que importa. Este pequeño fruto de mis entrañas se ha ganado sus ocho minutos de ocio.

Sinopsis: una historia de amor

A los 82 años, exiliado en Burdeos, el pintor Francisco de Goya rememora sentado en su váter los acontecimientos que marcaron su vida. Una vida en la que, casualmente, se han sucedido convulsiones políticas, pasiones emponzoñadas y el éxtasis de la fama. ¿Podrá el célebre pintor acordarse de todo antes de que algún familiar preocupado llame a la puerta de los baños para preguntar si le pasa algo?

Comienzos de los años 50: Salvador y María, dos seres sin suerte en la vida, ven como sus destinos se cruzan. Ella acaba de ser despedida de la casa en la que servía. Él es el encargado del cine Oriente, lugar que, casualmente, escoge María para protegerse de la lluvia. Deciden iniciar una vida en común pero sus esfuerzos resultan inútiles a causa de la insistencia del actor de teatro José María Pou, antiguo amante de ambos. El fracaso, la mala suerte y los logros interpretativos les acompañarán en esta singular aventura”.

En plena guerra civil española, los bombardeos amenazan el Museo del Prado. Las autoridades ordenan la evacuación inmediata de todas las obras de arte. Manuel, un celador del Museo, encuentra, casualmente, un autorretrato de Francisco de Goya perdido en el traslado de las obras. El joven no dudará en proteger a toda costa el cuadro poniendo en peligro su vida y la de su familia a pesar del olor a mierda que desprende el lienzo”.

Casualmente, Barcelona vive de lleno los preparativos para la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992. Mike O’Brian, reportero norteamericano de televisión, llega a la villa olímpica como tantos otros en pleno verano. Su misión es informar del ambiente deportivo, pero pronto O’Brian estará más interesado en desvelar las intrigas políticas de la ciudad. Una mujer, Muriel Pajiller, incitará con el coño al bies a O’Brian a buscar pistas de un posible complot internacional. La cámara del periodista nos introducirá en el apasionante mundo que rodea a las Olimpiadas, un mundo lleno de amenazas, pasiones y tickets-restaurante en el que O’Brian, casualmente, se lo jugará todo”.

“¿Ser o no ser punk? La cuestión afloró anoche en la alfombra roja del Metropolitan de Nueva York, donde grandes figuras del celuloide y famosos como Sarah Jessica Parker, Kanye West, Miley Cyrus o la mujer de Tom Cruise homenajearon a esta corriente musical y estética de finales de los años setenta con motivo de la exposición «Punk: chaos to couture» que se puede visitar desde hoy en el prestigioso museo. La muestra subraya el gusto del punk por la ferretería y el bricolaje y exhibe diseños con chinchetas, tampones usados y pintadas de muchos colores, ejemplos que remiten a la influencia de Marcel Duchamp (un artista francés cuyos objetos dadaístas son una especie de antecedente del movimiento). «Es interesante poder confrontar el podrido statu quo de la sociedad actual con algo tan directo como la forma en que te vistes», declara la directora de cine y actriz Angelina Jolie con la piel de su cuerpo bañada por la luz de los focos. El museo rinde tributo al local CBGB’s con los acordes del conjunto musical «The Ramones» sonando y la reproducción de uno de sus baños con una pintada que nos recuerda que «Los chicos malos molan». Canapés de queso azul y caviar con forma de guitarras eléctricas y un grupo de divertidos enanos afectados de acondroplasia y peinados con crestas al estilo «mohawk» alegraron la velada. «Tal vez el ethos punk pueda parecer contrario al de la Alta Costura, pero no cabe duda de que ambos están definidos por los mismos impulsos de originalidad e individualidad», asegura el comisario de la exposición, Andrew Bolton, mientras deja caer unas monedas dentro del vaso de plástico de un vagabundo. La madrina del evento, la pantera negra Beyoncé, fue la encargada de dar cierre a la pasarela ataviada con un palabra de honor en negro y fuego de Riccardo Tisci muy «Rhythm and Blues». El sacrificio de un bebé filipino y la posterior ingesta de su sangre por parte de los invitados coronó una noche de ensueño en la ciudad que nunca duerme. A continuación: las peluquerías caninas, ¿un avance social o un peligro para nuestros hijos?”

Los Hombres de los Gimnasios gritan cada día más alto porque lo que levantan hoy es siempre más que lo que levantaron ayer. Los Hombres de los Gimnasios pueden hacer cualquier cosa menos conformarse con cualquier cosa, pueden masticar estaño y tratarte como a una reina. Las personas que no hacen press de banca miran poniendo caritas desde las ventanas de sus casas a los Hombres de los Gimnasios echados en sus bancos de ejercicios; los miran con el mando de la televisión agarrado en un puño, tristes como payasos de escayola. Para poner fin a las vidas de los Hombres de los Gimnasios hace falta tenerlos bien atados y pegarles un tiro en la sien con una pistola de perno cautivo como las que se utilizan para matar a las vacas en los mataderos industriales, pero esto no se dice porque la gente de la época en la que vivimos prefiere no hablar de la muerte. Toda la electricidad de Madrid la producen los esfuerzos de los Hombres de los Gimnasios: cada curl de bíceps enciende una bombilla en una casa del extrarradio provocando a su vez la sonrisa de un niño que contempla la luz halógena con esperanza en los ojos. No hay mujeres en los gimnasios, no quedan pesas para ellas, todas las pesas están reservadas para los Hombres de los Gimnasios. El hombre más fuerte del mundo se llama José Miguel Sistachs y es de Girona. Dentro de su corazón una cabaña, dentro de la cabaña un fuego, dentro del fuego un músculo nuevo del que nadie sabía.

Buenas tardes, caballero: mi nombre es Don Gregorio, esta tarde voy a ser su médico, tengo encima de mi mesa de médico una taza con el escudo del Real Betis Balompié, si le sigue doliendo el tobillo desde Nuestra Última Visita sugiero que me le diga Vd., mis zapatos negros de la marca Gorila me se han derretido al sol de abril, en mi casa nos gusta Dios, a las 17:45 me comeré este sambis, algunas tardes tengo frío y nadie me tapa y yo por mi parte pues a través de mi lenguaje corporal le iré transmitiendo con total claridad a Vd. detrás de los muros de mi consulta la idea de que a lo largo de toda mi vida nunca he tenido ni tendré ni puta idea de lo que estoy haciendo.

¿SABÍAS QUE… si apagas el iphone y fijas tu mirada en la pantalla negra durante quince minutos puedes ver tu propia muerte y así te vas preparando? ¿SABÍAS QUE… si cantas en “Twitter” todos los goles de tu equipo de fútbol preferido no va a quedar en La Tierra ni una sola persona que no esté loca de amor por ti? ¿SABÍAS QUE… sólo eres español porque te lo han dicho? ¿SABÍAS QUE… si dejas de opinar en público acerca de todos los Temas de Actualidad corres el riesgo de que la gente empiece a pensar que no eres tan subnormal como pareces? ¿SABÍAS QUE… hay una familia entera de rumanos atrapada dentro del pelo del productor musical Julián Ruiz y nadie hace nada para sacarlos? ¿SABÍAS QUE… sigue habiendo luz en el Burger King porque hay un tío como tú pedaleando en el sótano? ¿SABÍAS QUE… cada vez que dices que “el mejor cine de ahora es el que se hace en las series” engordas diez kilos al obrero de la construcción con camiseta imperio y pañuelo de cuatro nudos atado a la cabeza que hay dentro de tu alma? ¿SABÍAS QUE… sabemos que nadie maneja tu barca? ¿SABÍAS QUE… antes los enanos vivían dentro de las teles de tubo y ahora como las hacen planas se han tenido que mudar todos a internet igual que tú? ¿SABÍAS QUE… aunque salgas de Palencia nunca jamás saldrás de Palencia?

No conoces al Hombre del Norte

Os habéis ido sin mí a la playa. Estoy en esta cama desarmado del todo por lo mío que casi no me puedo ni mover del dolor y ni un Hasta Luego me lanzáis al salir a merendar. Toda la tarde oyendo el viento en los chopos con el gato caminándome por encima de la cara. El cerco violáceo del ojo del culo del gato grabado a fuego en mi memoria: este gato que sólo se me acerca cuando me quiere quitar el calor al igual que mi familia sólo se me acerca cuando me quiere quitar la sangre.

No me malinterpretes: estoy encantado de perderos de vista; lo que no admito es que te pienses que sabes algo que yo no sé. “Calculamos que no ibas a querer venir y que molestarte para nada pues mejor que no”. Menudo rostro tienes, María Luisa. Por lo menos te has llevado a los críos, que cada día están más insoportables y ya no distingo al uno del otro. “¿Sabías papá que el Bidasoa nace en el pirineo navarro?” Qué asco me dan. La soledad es una de las escuelas de la muerte y nunca te sobra, pero más te vale andarte con cuidao, tía puta. Te recuerdo que la ciática la tengo de trabajar, no de hacer el vago. Otro gallo me hubiera cantado de haber hecho lo que te dije de pagar a una enfermera precolombina de las baratas para que me atendiera en los días de los arrechuchos. “Déjate déjate que ya estamos nosotros para cuidarte”. Tú y tus ojos de pescado triste, Marisa.

Hoy en día, con todas estas sopas, medicinas y costumbres que te prolongan la existencia, morirse está demodé. Ahora lo que hay que hacer es estarse uno joven para siempre. La juventud es la nueva religión y Lo Nuevo la iglesia que la cobija; recuerda Marisa que la religión es para todo el mundo: para ti y para mí también, nosotros que no sabemos nada acerca de nada ni queremos hacer daño a nadie. Que somos jóvenes pero cada día menos. Tú por ejemplo tienes ya cuarenta y seis años -que en edad de perro son siete y en edad de hombre dieciocho- y esa piel de lagartija que te ha salido por los hombros ha llegado a tu vida para quedarse. Cuando veo el telediario de Antena 3 aquí yo solo en este cuarto tan grande pienso siempre en ti porque la presentadora es una mujer mayor y tiene tu boca. Hay un misterio en el aire. El hombre del tiempo dice que se acerca una tormenta desde la izquierda de la pantalla y la representa con unas nubes negras que no paran de hacer llover. ¿Serás tú esos nubarrones, María Luisa? ¿A dónde fue nuestro amor? Recuerdo estar contigo en el Parque de Atracciones. ¿Te acuerdas del Picassín? ¿La cosa esa que daba vueltas y tú le tirabas pintura y te iba saliendo un cuadro así moderno? El picassín que pintamos tú y yo en aquella tarde lo tengo todavía colgado en la casa de mi madre. Te cuento esto en confidencia. Este otro picassín que nos hemos pintado en la vida real en forma de hipoteca-para-siempre y dos niños con la raya a un lado me sirve de recordatorio del original.

¿Cuál es tu queja? He aprendido idiomas por ti, he raspado las durezas de tus pies. Vendí la moto que tanto me gustaba porque a ti te daba miedo y ahora conduzco una Renault Kangoo todos los miércoles camino del economato. ¡Me afeité los huevos porque tú me lo pediste! Si supieras cuánto me pican este par de smooth criminals. ¡Ay, María Luisa! Te habría llevado yo en brazos por todo el largo de la ría. ¿Es esto lo que me merezco? Ya sé que una mujer normal en lo único en lo que piensa es en el dinero y tú no eres ninguna excepción, pero podrías darme un respiro. Noto que me quieres tener atado en corto. Todas tus estrategias ensambladas a la perfección como las velas de los juncos chinos. ¿Nunca más me vas a volver a cocinar tu merluza en salsa verde? Echo de menos a la mujer que fuiste. La enfermedad me ha refinado, mi sofisticación es un hecho: me peino solo, elijo mi ropa con ojo, me cepillo el pecho, ando recto, veo cine del que se hace en Francia. El día menos pensado me meto en el ordenador portátil y me busco una esposa nueva. Si te aviso es porque -a pesar de todo- aún te quiero. Un romántico se define por la naturaleza sincera de sus sentimientos, por su generosidad y por la fuerza de su querer. Y a mí a generoso no me gana ni Dios.

Lo más importante que hay en esta vida es comentar todo el rato en internet las noticias del día de hoy. Estamos viviendo un Momento Clave dentro de la historia de la humanidad. ¿No te lo han dicho? Actualiza lo tuyo sin parar, es necesario conducir la información de un lado a otro. ¡Sin descanso! Conocer las claves no es ninguna broma. ¿Conoces tú -acaso- las claves? ¿Has visto este vídeo de humor que tanto ha gustado a los muchachos? Tienes que tener una opinión, tienes que llegar el primero, tienes que saberte los chistes. ¿Cómo dices? ¿Que te has olvidado de puntuar con estrellitas el último libro de Juan José Millás que te has leído? ¡Pero bueno! No te me quedes así mirando, por favor. ¡Corre! ¡Corre, imbécil! No tienes tiempo que perder.

Estoy mazo de orgulloso de la película, todo lo rural me flipa. Los exteriores, Palencia, los cerdos… es que a ver: habitar la piel de un hombre de pueblo es volver a mis orígenes, ¿no?, es volver un poco a mi gente, a los míos. Para el papel de “Roberto” he tirado de flashes de mi propia infancia. Mi padre siempre tuvo una casa en el campo y en verano me llevaba de visita y yo cultivaba, cosechaba… tenía un cubo y una pala, tocaba los tomates, veía llover… he atendido a los animales en los partos, ¿entiendes?, he dado a luz. Recuerdo con especial cariño los mágicos amaneceres echado encima de un tractor yendo a vendimiar. El campo es algo que me encanta y a lo que siempre estaré vinculado. (…) Los Goyas no son una meta. Mi premio es el cariño del público. Mi trabajo es por y para el público, no me interesan las élites, Los Goyas… no me interesa el uno por ciento. El público es más gente que los críticos y en una pelea ganarían siempre. El público es lo que te da de comer o lo que te da dinero y tú ya con ese dinero vas y te lo gastas y te comes lo que quieras. Lo único que tengo claro es que aunque a veces me sea complicado andar por la calle sin que me paren, de no ser por todas estas personas que nunca voy a saber cómo se llaman yo no estaría donde estoy. ¿De qué te sirven Los Goyas cuando nadie te quiere? (…) Tienes que saber de dónde viene el personaje que interpretas, hacia dónde va… tienes que convertirte en el personaje pero a la vez seguir siendo tú. Cuando me ves en esa pantalla soy “Roberto” pero a la vez soy yo mismo, soy un ser humano: una persona de ahora que tiene un teléfono móvil, que le gusta comprarse ropa por internet, que sabe que su voto cuenta… son todo cosas que no se ven en el personaje -a fin de cuentas “Roberto” vive en la España del siglo diecinueve- pero que no por ello dejan de estar ahí. (…) El guión te lo tienes que saber de memoria y olvidarlo entero justo un minuto antes de empezar la escena. Necesitas dejarte llevar, desaprender… A mí alguna vez se me ha olvidado todo y me lo he tenido que volver a mirar, es un riesgo que tienes que asumir. El teatro es otro campo, un campo de sueños, lo máximo, yo estoy deseando hacer teatro… Shakespeare, Chéjov, el María Guerrero… es lo suyo. (…) Las chicas van y vienen pero el dinero si te lo guardas bien te lo quedas para siempre, en este negocio hay muy buena gente pero no te puedes fiar de nadie. (…) No necesito demasiado para vivir: agua, un poco de pan, una cesta de fruta, dos sandalias para mis pies cansados, tener el pelo bonito. (…) Soy una persona que cuenta historias. Una historia, cuando está bien contada, es como una flecha que te busca, es una ecuación, es matemáticas… Una historia necesita un conflicto. A mí el conflicto me atrae. El año pasado se murió mi abuelo y yo sólo podía pensar en la historia que había detrás de su muerte, no pensaba en mi familia, los muertos para mí no son más que conflictos, historias… movidas… (…) La opinión del actor es hoy más valiosa que nunca. ¿Quién puede opinar con mayor conocimiento de causa acerca de un atentado que alguien que ha interpretado a un terrorista? Ahora por suerte tenemos los twitters y podemos llegar más rápido a más seguidores. (…) Sigo teniendo un terreno de secano con almendros y olivos, también hay diez perros y un caballo viejo. Son mis raíces y vuelvo siempre que logro rascar un par de días libres. Puedes tener muchas caras pero no puedes olvidar quién eres. El resto del año llevo un jilguero cantor agarrado al hombro para recordar de dónde vengo. Mi lugar está con los pájaros, en el cielo.

Los médicos de la Ruber Internacional están volviendo a ganar desde marzo los kilos que perdieron para el verano pasado. La culpa la tienen las campurrianas, los cocidos, las fuentes de patatas bravas de sus despachos. Cientos de sillas de ruedas sepultadas debajo de océanos de cartones del Telepicsa. ¿Cómo bajarnos del tren de la bruja? En este hospital nos falta el aire. Filetes de vaca frotados en pimienta, dientes de ajo y aceite crepitan y dejan escapar su olor para que se mezcle con el del desinfectante de los pasillos. Donde la gente de la calle dice Basta Por Favor los médicos de la Ruber dicen Dame Diez Hijo De Puta. Sus padres les tienen miedo pero nadie se atreve a pararles los pies. Huesos de santo, teresitas de yema, buñuelos de viento. El que un día fue traumatólogo y confidente de las estrellas ya no cabe por las puertas de acero de los montacargas. Las sonrisas carnívoras de los vencedores ocupan sus caras mientras te operan. Los médicos de la Ruber se han comido todas las chocolatinas. Han untado todas las mantequillas en todos los panes. Han mordido todas las croquetas del Lhardy. Dedos rosas hechos garfios abriendo bolsitas de chucherías en un cuarto a oscuras. Los médicos de la Ruber no quieren tu dinero ni tu aprobación ni que te recuperes del SIDA. Los médicos de la Ruber no quieren tu número de teléfono. Sólo quieren volver a merendar contigo.

La noticia de lo del cáncer de la mujer del portero del edificio ha sacudido las vidas de los vecinos. “Nos ha puesto en un verdadero brete”, dice un señor. El portero les ha confirmado que les ha dicho el médico que le queda poco de vida. “Imaginamos que no era su intención el incomodarnos”, dice la anciana del segundo izquierda, “pero es que es lo único que ha conseguido”. Los vecinos se han reunido en la plazoleta para que no se les oiga, detrás del kiosko, por respeto, casi de noche, con los coches pasando. “¿Para qué nos viene ahora con lo del cáncer? ¿Qué trama? ¿Qué pretende? ¿Que se lo curemos entre todos?”, dice el portero suplente con los puños apretados. De fondo se van encendiendo las farolas de las calles, los niños se lanzan globos de agua en las escaleras de la entrada. “La gente no se da cuenta de la importancia de la empatía”, dice otro señor. “Ahora con la crisis hay que estar más unidos que nunca, hace más falta pensar en los demás que pensar en uno mismo”. En su apartamento en el semisótano la mujer del portero del edificio está echada en el sofá leyendo el Hola con la manta eléctrica en el cuello. “Nosotros no somos médicos”, dice la hija mayor de los del sexto sorbiendo de un flash de limón. “Sólo somos personas”.

Todos los colores de la oscuridad

Me casé con mi marido y nos fuimos a vivir a una casa en el campo. La casa tenía el apellido de su familia escrito encima de la puerta de delante y mi marido era como si hubiese sido mi marido desde antes de serlo. “Qué buena estás, hija de puta”, me decía en voz baja con ese tonito de galán otoñal tan suyo y yo encantada con sus dos manos en mi culo con la comida quemándose en los fuegos de la cocina sin que nos importase. Me casé con mi marido y un fin de semana me llevó a Madrid a ver las tiendas. Mi padre no me habría dejado ir a Madrid de haber estado vivo pero mi padre -El Señor le tenga en su gloria- llevaba ya muerto diez años gracias a Dios. Cuando se me murió mi padre yo todavía estaba en el instituto y no sabía lo que valía un peine. Madrid es muy bonito si estás enamorada pero cuando pasas mucho tiempo a solas con la misma persona no sabes lo que te puede pasar, puede salir bien y puede salir mal: está en el aire. Hoy en día teniendo internet instalado en el móvil da igual si estás sola porque lo tienes todo al alcance de la mano y no necesitas ir a los sitios. No es más feliz el que más tiene si no el que menos necesita y yo sólo necesito que me quieran más que a nadie y tener un iphone de los nuevos. Me casé con mi marido y tuvimos dos hijos. El hijo pequeño se fue a vivir fuera y el hijo mayor se quedó a vivir con nosotros. Me casé con mi marido y discutimos mucho pero también nos reímos mucho. Todo se puede hablar, nada es blanco y nada es negro, existen lugares a medio camino, existen los grises y puedes vivir en ellos. Había una vez un anuncio de la tele de los de la Guerra en Contra de las Drogas en el que el actor y cantante Coque Malla cantaba que “hay un caballo que al pasar por tu vida la hierba no vuelve a crecer”; yo estaba y estoy muy de acuerdo con este mensaje, la vida es como si te lloviera encima. Para mí, el amor es un sentimiento. Mi marido me contó una vez que tenía dos novias en secreto desde hacía ya dos años y las dos novias tenían celos la una de la otra pero ninguna tenía celos de mí.

Las manos sobre la ciudad

El arquitecto espera sentado a que le sirvan los desayunos. Es temprano pero es de noche y la mujer suya está en los váteres pero le ha dicho que ahora vuelve, “estoy hasta aquí de pis”, le ha dicho señalándose el cuello, están los dos en el hotel para pasar el puente, no tienen amigos, ella es un poco valenciana pero no le importa. El arquitecto mira por el ventanal y un jardinero pequeñito que canta cruza la línea de su mirada recortando setos, repitiendo gestos y trayectoria en bucle una dos tres veces actuando así como salvapantallas de la mente del hombre que mira. Cuando están en Madrid la mujer le lleva la contraria más veces que cuando están fuera. La moqueta turquesa del suelo del bar del hotel debajo de los pies y los pies pisando sin calcetines. El arquitecto sólo quiere ser arquitecto, no quiere ser otra cosa. Una mano encima de la mesa jugando con el tenedor bailándolo entre los dedos y una mano en el bolsillo rozándole a través de la tela negra los Huevos de Señor que cada día que pasa los tiene más grandes. ¿Cuánto y hasta cuándo afectará a su trabajo de arquitecto esta experiencia de estar de vacaciones en este hotel? Los sudamericanos le traen las bandejas con las fruslerías, el asalto a los sentidos va escalando hacia la cumbre. La consonancia de los grises claros con los grises oscuros y las sombras de los sudamericanos proyectadas sobre la moqueta, los violetas de las paredes, las tonalidades verdes y azules de los vestidos que ha llevado la mujer del viernes al sábado, el rojo de las manchas en los uniformes blancos, el brillo de los zapatos, traducido todo dentro de la mente de un hombre que se esfuerza para no dejarse llevar por las emociones como se esfuerza el cuerpo del enfermo para no dejarse morir. Las personas de ahora no son de verdad, piensa el arquitecto, las personas de ahora son miniaturas de lo que tienen que ser, no hay más que verlo, las personas de ahora se piensan que son libres cuando eligen entre paramecios y diamantes para estampar los manteles de plástico de sus cocinas. Los demás arquitectos no se toman en serio al arquitecto y no son sus amigos porque no lleva el whatsapp puesto en el móvil, los demás arquitectos no saben las cosas que sabe el arquitecto: que la belleza es una consecuencia y nunca un fin, siempre un imprevisto. Pensar así no le deja estar tranquilo. Rodea el hotel una faja de piedra que es la misma que rodea la órbita del corazón del arquitecto. ¿Habrá que derramar en todo momento lo que uno viva por encima de lo que uno haga? Vuelve la mujer suya de los váteres del hotel con el bolso en la mano, canta el pequeño jardinero afuera moviendo las manitas con los auriculares puestos. Al principio la tierra estaba desordenada y vacía y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo y Dios estaba sobre la faz de las aguas con sus pies pisando sin calcetines. El primer hombre que pintó las paredes de la cueva las pintó con su sangre.