(Manon des sources, 1986)

(Manon des sources, 1986)

(Bad Boys, 1983)

(Bad Boys, 1983)

Participo en el último número del fanzine “Clift” con un texto protagonizado por un enano atrapado en el amor :*

Participo en el último número del fanzine “Clift” con un texto protagonizado por un enano atrapado en el amor :*

Tu preferido

Esperando al semáforo en verde ha cruzado ante mis ojos la escena ésta: una madre le ofrece un helado recién comprado a su hijo (tendría siete-ocho años). “No lo quiero”, dice el niño. “Pero es tu preferido”, dice la madre. “Qué sabrás tú”, dice el niño. “Siempre lo dices”, dice la madre. “Pues me parece una mierda, es un helado hecho de mierda y no lo quiero”, dice el niño. “Te lo tienes que comer. Era uno para Susana y otro para ti”, dice la madre. “Si me quieres dar una mierda dame una mierda pero no me digas que es un helado, ¿vale?, dime que es una mierda”, dice el niño. “Hijo, de verdad. No sé qué mosca te ha picado”, dice la madre. “¿Me quieres dar una mierda?”, dice el niño. “Por favor”, dice la madre. “Dame una mierda, venga, tú que me conoces tanto”, dice el niño. “Antonio, la gente”, dice la madre. “¡Dame una mierda de mierda quiero una mierda QUIERO UNA MIERDA!”, dice el niño.

No me he sentido más identificado con un ser humano en toda mi vida.

(Hearts and Minds, 1974)

(Hearts and Minds, 1974)

Pelotazos

Para ofrecerte mi bolsa de Pelotazos
un email yo te pondría
todos tuyos por favor
cómetelos, te diría
baila en mi parroquia con tu
culito bailón
veinte Pelotazos
una eucaristía
en misa no existe mayor alegría
que la de verte de vuelta
cariño, corazón, Lucía
te llamo al móvil y hablamos ¿okey?
hasta que te quedes sin batería
Salou está helada sin ti
contigo era una maravilla
contigo mil de risas
sin ti esta playa está fría
tan pero tan solo en Salou
tierra baldía
me toco la cara callado
la ciudad mi sacristía
hazme caso, que soy yo
bajo la sotana
mi cuerpo una sandía
sentado piernas cruzadas comiendo
sin ti
cada tarde en la bahía
¿cuándo piensas tú volver?
yo que tú me abrigaría
si me quisieras besar
esta noche en mi rectoría
el frío que pega en la piel
las ganas te quitaría
me aprieta el alzacuellos pero
distingo perfecta tu voz
de entre cien mil en la gradería
no me dijiste que no a los
Pelotazos
aquel domingo que llovía
todo me da igual
no soy tuyo no eres mía
fuera hijos fuera marido
que no te tiren de la brida
si no me quisieras en este abismo yo
tumbado me quedaría
baja a buscarme al portal
sal ya de tu vida
tírate el rollo pero sobre todo
no llores,
tía

Guatemala

Gonzalo se pasa el curso entero intentando que no se le note que les tiene miedo a sus alumnos. Es el primer día de clase y el campus entero está lleno de maricones. Gonzalo no soporta a los maricones. Sube la calle hecho un guisante ajustando su cuerpo a su americana con coderas como una mota de polvo que se ha ido uniendo a otras motas de polvo hasta simular una forma humana. Atravesando océanos de tiempo y de jóvenes con perilla recortada camino de la facultad de Filosofía y Letras. Este verano Gonzalo se ha vuelto a dejar la barba. “Sin barba pareces un payaso”, le tiene dicho su hermano. Hace dos años pasó un tiempo en Ecuador y otro tiempo en Guatemala, junglas y praderas, trabajo y afición. Según cuenta, durante su estancia en Guatemala encontró el amor, se compró un coche y estuvo a punto de morir a manos de unos guerrilleros. “En estas aulas nos posicionamos en contra del terror”, repite todos los años pegando un golpe en la mesa. Hace unos meses unos estudiantes le pillaron tratando de llorar sin conseguirlo en el parking de la universidad dentro de su Renault Clio poniendo unas caras tremendas, grabaron la escena con el móvil y subieron el vídeo a Youtube. El vídeo no tiene casi visitas pero sigue ahí puesto como una enfermedad que incuba tu cuerpo, y él lo sabe. Los miércoles desahoga la tensión cantando unos temas 80’s en el Karaoke Marfil, justo debajo de su casa, enfrente de la clínica dental de Sanitas. Canta muy bien, pero se lo dicen pocas veces. El primer día de universidad es el peor, lo más difícil es empezar, lo dice la gente que se sabe las cosas. Lo difícil es empezar. Para el imbécil esto no es un problema porque no sabe de problemas. Hace niños como hace libros, hace un libro, hace un niño… niños y libros sin parar. Le resulta indiferente porque no piensa. El imbécil no conoce la dificultad: se despierta, se lava la cara, sale a la calle, lo atropellan, muere, da lo mismo. Su hermano le invita una vez al mes a cenar en el Fridays y casi siempre se tiene que comer su postre porque a Gonzalo no le cabe nada más dentro. En sus acercamientos antropológicos a las prisiones de Guatemala, cuando veía las lagrimitas tatuadas en los bordes de los ojos de los convictos se preguntaba si cabría la posibilidad de que alguna de aquellas lágrimas fuese una lágrima de alegría.

(L’éden et après, 1970)

(L’éden et après, 1970)